El envejecimiento es un proceso universal, inherente a la vida e irreversible. El objetivo de todos debería ser alcanzar un envejecimiento exitoso, con calidad de vida y estabilidad económica, psicológica y emocional; con el deterioro físico normal, pero con la capacidad de seguir teniendo una vida plena, aceptando los cambios, limitaciones y duelos, y viviendo el presente.
¿Qué es el viejismo y cómo afecta a las personas mayores?
Sin embargo, la vejez está rodeada de mitos y limitaciones. La visión sociocultural de la senectud, asociada a la fragilidad y la dependencia en muchos países, promueve el maltrato y la discriminación (viejismo o edadismo). Existe la falsa creencia de que las personas mayores no son capaces de tomar sus propias decisiones, pero ellas no son como niños. Cuando caemos en el viejismo, atentamos contra su identidad y dignidad, lo cual ya se considera una forma de maltrato.
Asimismo, la persona mayor vive en un duelo constante por diversas pérdidas: la vida laboral, la salud, la movilidad (al sufrir alguna discapacidad sensorial) o la muerte de amigos, familiares y cónyuge. Se enfrenta, además, a renunciar a su propia imagen y a reconocer su mortalidad.
Las múltiples caras del abuso en la vejez
Todas estas circunstancias, junto con factores de riesgo que incluyen el padecer enfermedades crónicas, algún tipo de discapacidad y el aislamiento social, crean una atmósfera de vulnerabilidad que predispone a la persona a ser víctima de abuso físico, emocional, psicológico, económico e incluso sexual. Muchas veces son víctimas de varios de estos abusos de forma simultánea, tanto en los hogares para ancianos como dentro del propio núcleo familiar, ya sea de manera intencional o no.
Los agresores pueden ser miembros de su familia o cuidadores formales e informales. El tipo de abuso y su frecuencia van a depender del contexto y de factores como el género o las condiciones socioeconómicas.
Por ejemplo, el maltrato físico y sexual se presenta principalmente en las mujeres, mientras que la negligencia impera en personas de bajos recursos. El abuso tiende a agravarse con el paso del tiempo; sin embargo, como ocurre dentro del núcleo cercano del cual la persona mayor además depende, generalmente no se denuncia. A esto se suma la escasez de instituciones dedicadas a la detección y atención de este tipo de violencia, convirtiéndolo en un evento silencioso.
El maltrato se define como:
Cualquier acción voluntariamente realizada, es decir no accidental, que dañe o pueda dañar a una persona; o cualquier omisión que prive a un adulto mayor de la atención necesaria para su bienestar, así como cualquier violación a sus derechos. (Iborra Marmolejo).
El tipo de maltrato está determinado por características personales, sociales y familiares. A partir de los 75 años, el riesgo aumenta debido al incremento de la dependencia, el deterioro de la salud y el aislamiento social, factores que generan mayores niveles de estrés en la familia y en los cuidadores primarios. Esta posibilidad de maltrato también se eleva cuando la persona mayor sufre de deterioro cognitivo o demencia.
Factores de riesgo: ¿Por qué aumenta la vulnerabilidad a partir de los 75 años?
Por otro lado, el consumo de alcohol incrementa los problemas cognitivos y de memoria, propiciando una mayor vulnerabilidad; sin embargo, muchas veces la persona recurre a este como una forma de afrontar la dolorosa situación que está viviendo. Otros factores influyentes son la pobreza, las actitudes negativas hacia la vejez, la violencia y disfunción familiar, los trastornos psicoemocionales y el abuso de sustancias; conductas que, en muchos casos, ya existían previamente en el núcleo familiar y en los cuidadores primarios.
Las repercusiones psicológicas de estos hechos son devastadoras: baja autoestima, inseguridad, tristeza, sufrimiento, depresión, angustia, problemas de comportamiento, ideas suicidas, vergüenza y culpabilidad. Todo esto afecta gravemente la calidad de vida de la población mayor, aumentando su morbilidad, los ingresos hospitalarios y la mortalidad.
Un llamado a la conciencia: nuestra responsabilidad social
Debemos tomar conciencia de la magnitud de este problema silenciado en comparación con el abuso hacia mujeres o niños. Es vital reconocer la responsabilidad que tenemos como sociedad que, al albergar ideas discriminatorias hacia la vejez, propicia, genera y oculta este maltrato ante un sector que se encuentra en alta vulnerabilidad por sus condiciones físicas y contextuales. Toda persona tiene el derecho fundamental de terminar su vida con calidad, tranquilidad y felicidad.
Por ello, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 15 de junio como el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez.
